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Grupo de Artillería No. 1 “Bogotá”

Historia Unidades de Artillería

01 de enero de 2010

Esta unidad merece un sitial destacado en nuestra historia artillera, toda vez que fue la precursora de nuestra “alma mater”. El Decreto 1640 del 30 de Septiembre de 1926, el artículo 12 rezaba: “Segregase del Regimiento de Artillería No. 1 “Bogotá” que por el presente decreto se convierte en grupo con el mismo nombre y número, el primer grupo con el personal de oficiales y suboficiales que hoy tiene. El referido grupo con el personal de oficiales y suboficiales que hoy tiene. El referido grupo que pasa a ser el No. 3 Palacé se separará con todo su material, equipo, vestuario, menaje, atalaje y ganado que corresponde a sus efectivos”.
En octubre de 1932 el Grupo de Artillería No. 1 “Bogotá” se trasladó de sus cuarteles de San Agustín en Bogotá, a una finca denominada “Loyola”, antiguo convento de los “Hijos de San Ignacio”, la cual fue recibida por una comisión del grupo integrada por el señor Mayor Domingo Espinel quien se desempeñaba como oficial de detall, el ayudante del grupo Capitán Gonzalo fajardo P., y el Sargento Primero Salvador Atará Parra. El arreglo y acondicionamiento de dicha finca estuvieron a cargo del señor Subteniente Antonio Tanco quien más tarde ingresó a la Armada Nacional.

Durante este tiempo la escuela francesa predominó en los estudios de artillería. Los dos principales exponentes de esta fueron los Generales Domingo Espinel García y Rafael Sánchez Amaya, quienes fueron los maestros indiscutibles de su época y demostraron superiores capacidades que los llevaron a consagrarse definitivamente dentro de su especialidad y a ocupar altas posiciones.

El señor General Domingo Espinel estuvo durante 1928 en el Regimiento de Artillería de Tarbes – en Francia -, célebre por haber sido comandado por el Mariscal Foch. Pasó luego a la Escuela de Artillería de Poitiers en donde adelantó un curso de seis meses después de lo cual perteneció durante un año al Estado mayor de la División de Artillería de Rennes. A su regreso a Colombia publicó el libro titulado El Tiro de Artillería, libro este que se constituyo en el breviario de los artilleros de la época.

El señor General Sánchez Amaya, fue un experto matemático y complementó, con el beneplácito de la casa checoslovaca Skoda, las tablas de tiro para el cañón de montaña de 74Mms modelo 1928 con un gráfico para la determinación de la deriva y la distancia en la puntería recíproca que tanta influencia tuvo en el manejo de este material. Poco antes de la Segunda Guerra Mundial estuvo en comisión de estudios en el ejército francés y adelantó en Normandía los cursos especiales de artillería y escuelas de fuego. Más tarde fue destinado a las unidades de defensa antiaérea de Porte de Lilas, París y luego al Regimiento 34 de Artillería en Rouen, en el cual permaneció hasta la iniciación de la guerra y la concentración del ejército francés en la frontera franco-alemana. Cuando regresó en 1940 a la Escuela de Artillería, como comandante y profesor, marcó huella imperecedera en el Arma.

También se merecen especial mención de esta época notable los nombres de los Sargentos Primeros Salvador Atará Parra, Francisco Moreno y Alberto Tarquino H., en quienes su don de mando, espíritu artillero y sus aquilatadas virtudes militares dejaron un merecido recuerdo histórico.

El Grupo de Artillería No. 1 “Bogotá”, tuvo mucha importancia en la consolidación de la consolidación de la Artillería como Arma del Ejército, pues fue un semillero fecundo de enseñanzas de todo orden que fructificaron en beneficio de la institución armada. Fue en la práctica la primera Escuela de Artillería que tuvo el país; en sus claustros, dirigidos por sabios maestros se graduaron los primeros oficiales como expertos artilleros. Fue allí donde silenciosamente se fortificó y empezó a crecer vigorosamente la artillería.

Durante la vida del Grupo de Artillería No. 1 “Bogotá”, tuvo lugar el conflicto fronterizo con el Perú, hecho histórico de trascendencia.

Corría el año 1932 cuando nuestra Patria se vio amenazada y violado su territorio por el sorpresivo ataque de algunos militares y civiles peruanos al puerto de Leticia el 1º. De septiembre de dicho año. Todo el país se levantó para rechazar el atropello y las Fuerzas Armadas colombianas cumplieron con su razón de ser constitucional. Fue nombrado comandante de las Fuerzas que actuaron en defensa de nuestra soberanía el señor General Alfredo Vásquez Cobo quien; encontrándose en misión diplomática ante el gobierno de Francia, acudió a la cita de la Patria con su hijo el doctor Camilo Vásquez Carrizosa, ingeniero graduado en Bélgica, quien de manera patriota luchó como Comandante de un cañonero hombro a hombro con nuestros soldados durante la emergencia distinguiéndose por su valor y aptitudes de mando frente a Tarapacá. Fue tal su amor patriótico, que renunció a sus haberes como capitán del Ejército.

La Artillería como parte integrante del Ejército no podía faltar el compromiso con la Patria. Cuando se inició el conflicto el Ejército solo contaba con seis piezas de artillería de montaña de 75mms. (4 cañones Erhardt y 2 Krupp) adquiridos a raíz de la incursión armada sobre La Pedrera. Fueron enviadas a la frontera colombo-peruana, en forma por demás expedita las siguientes unidades: una batería del Grupo de Artillería No. 1 “Bogotá”, con los cañones Erhardt, al mando del señor Capitán Eurípides Márquez y de la cual eran oficiales los señores Teniente Aníbal Galindo y Subtenientes Luis J. Lombana Cuervo, Alfredo Duarte Blum y Luis E. Ariza, la cual se denominó Batería de Artillería Tenerife No. 1/6 y que pertenecía al destacamento del Putumayo cuyo destino fue Caucayá. Una batería, la Tenerife No. 2/6, que perteneció el destacamento del Amazonas, integrada con personal de reservistas de Cundinamarca recientemente licenciados, al mando del señor Mayor Domingo Espinel, unidad esta que tenía como misión recibir y operar el armamento de los cañoneros acabados adquirir. Una batería del Grupo No 3 “Palace”, al mando del señor Capitán Francisco A. Pinto y veinte voluntarios de Buga que el señor Teniente Leopoldo Uribe había reclutado aprovechando el fervoroso patriotismo que el conflicto despertó entre los colombianos; además de los nombrados eran oficiales de esa unidad los señores Teniente Félix Quiñones y Subtenientes Máximo Rodríguez, Arturo Charry, Gabriel Piñeros y Ricardo de la Roche. Una batería Oerlinkon, perteneciente al destacamento del Putumayo con guarnición en Puerto Leguizamo, la cual contaba en sus cuadros de mando a los señores Subtenientes Alfredo López Ramos y Enrique Turk. Las baterías estaban al mando de los señores Mayor Domingo Espinel y Capitán Francisco A. Pinto, las cuales concentraron en Cartagena para dotar a los cañoneros que salieron rumbo al Amazonas

Para finalizar este parte, veamos en el relato del señor General en retiro Ricardo Bayona Posada (q.e.d.p.) – uno de nuestros oficiales que laboró afanosamente y con denuedo en beneficio de la Artillería, del Ejército y de la Patria para dejarnos un legado digno de su esfuerzo – cual fue la contribución y la herencia del Grupo de Artillería No. 1 “Bogotá”:

“Era el año de 1923. Un regimiento de Artillería el “Bogotá”, hacía parte de la guarnición de la capital de la República; sus cuatro baterías tan solo contaban con una pieza cada una. Otro Regimiento el “Tenerife”, ubicado en Antioquia tenía solamente el material correspondiente a tres secciones para sus cuatro baterías. Otro Regimiento el “Palace”, de guarnición en Buga, solo contaba con material para la mitad de sus cuatro baterías. El entonces Ministro de Guerra, Alfonso Jaramillo, se dio cuenta exacta de la situación de la Artillería, y sin vacilar eliminó de un solo golpe los Regimientos “Tenerife” y “Palace” e hizo reunir todos los materiales en Bogotá. De la planta de oficiales de los tres regimientos seleccionó lo mejor para el de la capital de la República y formó con todo ello una unidad que el ministro llamó el Regimiento de Artillería Escuela, el cual orgánica y legalmente era el Regimiento de Artillería “Bogotá”.

“El entonces Coronel Campo Elías Duarte, como Comandante del regimiento, con el Teniente Coronel Luis Ramírez y el Mayor Víctor A. Cogollos, como comandantes del grupo; y con los Capitanes Cleves, Solano Tavera y López como comandantes de batería, se dedicaron a las academias, a las instrucciones y sobre todo a formar una verdadera escuela dentro del Arma. De ahí que se puede afirmar que el Regimiento “Bogotá” fue la primera Escuela de Artillería.

“Tres años después, en 1926, por razones de orden público, el Regimiento “Bogotá” se dividió. Su primer grupo quedó como Grupo No. 1 “Bogotá” en la capital de la República, y su segundo grupo con el viejo nombre de “Palace”, volvió a Buga.

“En 1932 el puerto colombiano de Leticia fue invadido. El pueblo colombiano reaccionó, y el país adquirió material de artillería para varias unidades. El grupo de Artillería “Bogotá”, comando por el Teniente Coronel Josué Tavera, fue durante 1932 el epicentro de la Artillería. En sus rastrillos se almacenaban los modernos materiales que llegaban; los reservistas de artillería que eran llamados a filas, se concentraban en sus alojamientos. Los oficiales estudiaban en las aulas y practicaban en los grandes patios de Loyola todo lo relacionado con el nuevo material Skoda que recibían. Allí mismo funcionó una escuela para suboficiales con el objeto de poner al día a los muchos que eran llamados nuevamente a filas y que se necesitaban con urgencia tanto en las fronteras como en los nuevos grupos que se estaban formando.

“Como se necesitaban oficiales capacitados con urgencia, del Grupo “Bogotá” surgió la idea, secundada por el General chileno Francisco de J. Díaz al servicio de Colombia en ese entonces, de traer una misión militar chilena para que dirigiera unos cursos de oficiales de artillería. A principios de 1934 llegaron para cumplir dicho objetivo los Capitanes chilenos de Artillería Ramón Álvarez Goldsack y Oscar Herrera Jarpa. Ambos habían tomado cursos de especialización en Europa por selección del Ejército de Chile. Herrera matemático científico y pedagogo; Álvarez de una memoria privilegiada, conocedor de los reglamentos de artillería como ninguno, práctico y más disciplinado y más soldado que sus maestros alemanes. Uno y otro se complementaban formando un binomio científico –práctico perfecto.

“Antes de que pasara una semana después de su llegada a Colombia, dieron comienzo al primer curso para capitanes de artillería, cuya duración fue aproximadamente de doce semanas. Terminado el curso a fines del mes de mayo, se dio inicio a un segundo curso, también para capitanes del Arma y para una selección de alumnos de último año de ingeniería que por ese entonces eran graduados como subtenientes de reserva en la Escuela Militar. El segundo curso no solamente fue un éxito, sino que finalizó con tiros de combate en el Grupo de Artillería “Palace” en Buga a donde habían sido destinados la mayoría de los oficiales del primer curso. En este segundo curso, los directores pudieron demostrar cuán profundos eran sus conocimientos y porqué habían sido seleccionados en su país.

“A principios de octubre se dio comienzo a un tercer curso que terminó al final del año, como los anteriores, con todo éxito. Con todas las experiencias del año 1934, y contando entonces sí, con tiempo suficiente para proyectar, se dio comienzo en los primeros meses del año de 1935 a un curso ya completo, al cual asistieron algunos mayores, capitanes y tenientes antiguos. Su duración fue de ocho meses, sus beneficios muy grandes y su éxito completo.

“En 1936 los oficiales chilenos volvieron a su patria, pero en el Grupo “Bogotá” sus discípulos continuaron su labor. Posteriormente el grupo fue reemplazo por la Escuela de Artillería, pero, si en realidad de verdad, un decreto a fines del año de 1936, creó la escuela, está prácticamente como tal, venía funcionando desde años atrás, especialmente cuando principió el primer curso de artillería, y lo que el decreto hizo fue ratificar una situación de hecho…”.


Bibliografía
Historia de la Artillería Colombia "Grupo de Artillería Santa Bárbara" Santafe de Bogotá D.C. Noviembre de 1997, pag. 157, 158, 159, 160, 161, 162, 163
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