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Reseña Histórica Escuela de Artillería

24 de agosto de 2017

El Decreto 3184 del 31 de diciembre de 1936, creó de manera oficial el alma máter de la Artillería Colombiana.
El Señor Mayor Gonzalo Fajardo Perico, quien se desempeñaba como comandante del Grupo de Artillería Bogotá, fue su primer comandante. Desde ese entonces han ejercido el comando de la escuela distinguidos oficiales del Arma, aportando cada cual sus mejores cualidades en beneficio del mejoramiento y progreso de la cuna de los artilleros.

La unidad inicio labores como tal el 1 de septiembre de 1937 con el primer curso de información integrado por 16 oficiales entre subtenientes y tenientes con requisitos para ascenso, quienes habían sido llamados a dicho curso por Resolución 772 del 30 de julio del mismo año.

El 10 de julio de 1944 siendo comandante de la escuela, en ese entonces, el Teniente Coronel Ricardo Bayona Posada, la unidad se mantuvo leal al gobierno del doctor López Pumarejo a raíz del intento de golpe de estado. En sus cuarteles estuvieron detenidos algunos oficiales y suboficiales comprometidos en la rebelión, y se efectuaron varios consejos de guerra para juzgarlos.

Terminada la Segunda Guerra Mundial (1939 1945) la influencia de la escuela norteamericana se hizo sentir en todos los órdenes militares en Latinoamérica, y lógicamente en nuestro país. La Artillería colombiana se vio marcadamente influida por dicha escuela. Muchos oficiales viajaron en comisión de estudios a las escuelas de Estados Unidos y, a su regreso, enseñaron los nuevos métodos y la nueva doctrina aprendida en los aspectos tácticos y técnicos. Debido a la citada doctrina las unidades cambiaron su denominación de grupo por la de batallón en 1953, según Decreto 135.

La Escuela de Artillería orientó su enseñanza sobre normas modernas y muchos oficiales se han distinguido en todas las materias que nuestra ciencia comprende. Brillantes profesores y maestros han ocupado las cátedras de nuestra escuela. Deliberadamente se omiten nombres porque el tiempo juez de los hombres y sus actuaciones les reserva juicio definitivo.

Durante los aciagados días que vivió el país a raíz de los acontecimientos del 09 de abril de 1948, siendo comandante de la escuela el Señor Teniente Coronel Alfredo Duarte Blum, la unidad participo con tres unidades fundamentales en la defensa del palacio presidencial atacado por los amotinados que protestaban por el asesinato de Gaitán.

Más tarde, el 13 de junio de 1953, ante los hechos ocurridos que fueron recibidos con ardoroso beneplácito por la mayoría de los colombianos y calificados por sus más eminentes representantes, entre ellos el doctor Darío Echandía, como un golpe de opinión, la Escuela de Artillería, a la par con todas las unidades del Ejército, participó de manera decisiva en los acontecimientos de tanta trascendencia nacional, que ese día sucedieron en el país.

En ese mismo año el Decreto 135 firmado por el designado encargado de la presidencia doctor Roberto Urdaneta Arbeláez, y en cumplimiento de los pactos suscritos por nuestro país con el gobierno de los Estados Unidos, se creó el Batallón No. 1 Antiaéreo cuyo primer comandante fue el señor Mayor J. Angarita Niño, y cuyos comandantes posteriores fueron los señores Tenientes Coroneles Manuel Prada Fonseca y Jorge Salcedo Victoria, y el señor Mayor Antonio Lafurie Navarro.

Fueron en esa época cuando se empezaron a construir en la antigua granja experimental de La Picota, las modernas instalaciones con que hoy cuenta la Escuela de Artillería en Bogotá y fue también el denodado entusiasmo y el espíritu de lucha del señor Teniente Coronel Manuel Prada Fonseca, quien llevó a cabo su idea de constituir un Centro de Artillería, donde se fusionaran varias unidades fundamentales de las distintas clases de material para formar una escuela que capacitara a los artilleros en todas las modalidades del Arma. Este centro del Arma fue efectivamente organizado con un batallón de obuses Skoda de 75ms, una batería de obuses de 105mms, una batería de cañones antiaéreos de 40mms, y la escuela propiamente dicha. No cejó el señor Teniente Coronel Prada en su intento y en marzo de 1955 fue trasladada la Escuela de Artillería de los antiguos cuarteles de Loyola al sitio de La Picota donde funcionaba el Batallón Antiaéreo. A pesar de compartir instalaciones las dos unidades continuaron funcionando de manera independiente hasta junio de 1957 cuando el Decreto 377 creó el Centro de Artillería asignado como su primer comandante al Señor Coronel Daniel Cuervo Araoz. Posteriormente fueron comandantes de este Centro los señores Tenientes Coroneles Alfredo Umaña Carrizosa, Carlos Pedraza Toro y Armando Vanegas Maldonado, quienes con el mismo espíritu de superación de nuestros viejos artilleros han elaborado de una manera altamente eficiente, digna de nuestra tradición, en beneficio de la Artillería, del Ejército y de Colombia.

Hacia esta época, el 10 de mayo de 1957, el centro de Artillería bajo el comando del señor Teniente Coronel Jorge Salcedo Victoria tomó parte activa en el mantenimiento del orden durante el cambio político que ese día se realizó, y un año más tarde, el 2 de mayo de 1958, siendo comandante el señor Coronel Alfredo Umaña Carrizosa, el Centro de Artillería fue la unidad decisiva en el restablecimiento del orden ante la rebelión del Batallón de Policía Militar No. 1 y de algunas unidades de la Policía Nacional.

En 1961 cuando la escuela cumplió sus primeros 25 años de vida institucional siendo comandante en ese entonces el Teniente Coronel Armando Vanegas Maldonado, fueron invitados a participar en la celebración de Generales Chilenos, ya para la fecha retirados, Oscar Herrera Jarpa y Ramón Álvarez Goldsack. Infortunadamente por razones de salud Herrera Jarpa no pudo asistir; sin embargo, constituyo motivo de especial emoción para los artilleros colombianos la participación de Álvarez Goldsack, aquel benemérito oficial del Ejército chileno que, siendo capitán y en equipo de trabajo con Herrera, tanto aportó en aras de la capacitación y formación de los Oficiales colombianos de la Divisa Negra.

Desde la década de 1960, empieza a aparecer un factor de violencia que demanda el compromiso de la Escuela de Artillería. Es la época en que empiezan a organizarse las autodenominadas Farc en el páramo de Sumapaz, especialmente en las áreas de los municipios de San Bernardo, Ospina Pérez, cabrera y en la inspección de San Juan de Sumapaz. Un alto número de oficiales y suboficiales que en diferentes épocas han integrado la planta del alma máter, han servido en el área del Sumapaz y desde 1980 también en el oriente de Cundinamarca, actuando como infantes en operaciones de contraguerrillas.

Trayendo a colocación el aspecto del comprometimiento de la Artillería en operaciones encaminadas al mantenimiento o restablecimiento de orden público interno, es importante registrar que no es fácil hoy en día mantener en alto el espíritu característico de los artilleros, el cual tiene sus raíces en la práctica frecuente de los aspectos técnicos y tácticos del Arma, de donde surgen características tales como el sano espíritu de cuerpo y de emulación, y el sano deseo de superación. El comprometimiento de las unidades tácticas de artillería incluyendo su escuela hasta enero de 1996 cuando quedó solo con la misión docente en operaciones para el restablecimiento o mantenimiento del orden público es prácticamente total. Pero también las ejecutorias en operaciones irregulares, actuando como Infantería, sirven de estímulo para el mantenimiento de nuestro espíritu y nuestra mística. Grande es la cuota de sacrificio que le ha aportado a la Patria la Artillería en esta guerra, así como grande ha sido su aporte en positivos resultados operacionales tangibles e intangibles.

Llama la atención examinar el primer volumen de casos tácticos de guerra de contraguerrillas editado por el Comando del Ejército en el año de 1964, hace ya 47 años. De los 20 casos que se analizan 6 son protagonizados por los Batallones Tenerife y Palace en los años 1962 y 1963, y los otros 14 por unidades de Infantería en el mismo período. Si se tiene en cuenta que el número de unidades de Infantería de ese entonces era por lo menos 3 veces superior al de las Artillería, podemos concluir que desde los comienzos de la guerra prolongada declarada por la subversión armada a Colombia, ha estado la Artillería combatiendo en igualdad de condiciones grado de comprometimiento e identidad con la infantería.

Ahora bien, en el mismo contexto de la misión institucional prioritaria de hoy, es importante registrar que distinguidos oficiales de artillería fueron gestores con diferentes aportes a los que constituye un elemento vital en la organización del Ejército: El Arma de Inteligencia. Distinguidos artilleros como el señor Brigadier General Ricardo Charry Solano (q.e.p.d.), el señor Mayor General Carlos Julio Gil Colorado (q.e.p.d.), y tantos otros que aunque no se mencionen, institucionalmente tienen un merecido sitial de reconocimiento por su invaluable aporte a la inteligencia en la historia de nuestro Ejército. Con elocuente razón, el primer batallón exclusivamente creado para realizar actividades, tanto operacionales como docentes de inteligencia, se denominó Brigadier General Ricardo Charry Solano. Es también muy diciente el hecho que en la galería de directores de la hoy Dirección de Inteligencia del Comando del Ejército, se encuentren las fotografías de 25 oficiales que han ejercido el cargo, y que de estos, 12 (50%) hayan sido artilleros.

No obstante lo anterior, la artillería con su alma máter a la cabeza, ha hecho especiales sacrificios para mantener en alto su nivel de capacitación técnica y táctica del Arma en concordancia con la tecnología moderna, fruto de la cual el Ejército ha adquirido nuevos materiales. Es así como por ejemplo en 1985 se realizó en la escuela el primer curso de capacitación de oficiales en el manejo del computador David, elemento este que ha permitido hacer las técnicas y procedimientos tradicionales para el levantamiento topográfico y la dirección del tiro con los obuses de 105mm y con los morteros de 120mm, más expeditos y precisos.

De otra parte en 1990 el Ejército adquirió dos baterías de misiles Nimrod y cuatro de defensa aérea Eagle Eye. Desde ese año la escuela, recibiendo la estrecha colaboración de los Batallones La Popa, Galán y Nueva Grada, ha dirigido los diferentes cursos de capacitación en la operación de dichos materiales para oficiales y suboficiales, aspecto vital para que el Ejército pueda mantenerse preparado para el cumplimiento de su misión constitucional de mantener la soberanía nacional en caso de agresión externa o conmoción interna.

En 1994 el Comando del Ejército, mediante la Disposición 0004 del 24 de julio, dispuso que la Escuela llevase desde ese entonces el nombre del señor Mayor General Carlos Julio Gil Colorado, como reconocimiento a la vida y obra del ilustre artillero sacrificado en Villavicencio cuando cumplía su deber como comandante de la IV División del Ejército. Más adelante, el 28 de diciembre de 1995, el Comando del Ejército emitió la disposición 015, la cual dispuso que la escuela dejara de ser orgánica de la Décima Tercera Brigada para pasar a formar parte de la Décimo Quinta Brigada quedando su misión exclusivamente dirigida a la docencia en beneficio de la capacitación técnica y táctica de los artilleros.


Bibliografía; Historia de la Artillería, Grupo de Artillería Santa bárbara Santafé de Bogotá D.C. Noviembre de 1997.-
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